¿Por qué muchos médicos y científicos opinan que la vacuna triple vírica no ocasiona el autismo?
En el 2000, el Instituto de Medicina (IOM) de la Academia Nacional de Ciencias, por un pedido de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y de los NIH, realizó una revisión de toda la evidencia relacionada con la vacuna triple vírica y el autismo. Este panel independiente examinó los estudios completados, los estudios que se estaban realizando, los informes médicos y científicos publicados, y el testimonio de expertos para evaluar si había un vínculo entre el autismo y la vacuna triple vírica. El IOM concluyó que la evidencia examinada no indicaba que existiera una conexión entre el autismo y la vacuna triple vírica. Estas y otras conclusiones de la revisión del IOM fueron publicadas en abril del 2001 (Immunization Safety Review Committee 2001 [Comité de Revisión del 2001 sobre la Seguridad de la Inmunización]).
También en el 2000, la Academia Americana de Pediatras (AAP) , una organización profesional para pediatras con más de 55.000 miembros, sostuvo una conferencia sobre la vacuna triple vírica y el autismo. Padres de familia, científicos y profesionales presentaron información sobre este tema a un panel multidisciplinario de expertos. Basándose en esta revisión, la AAP también encontró que la evidencia disponible no apoyaba la teoría de que la vacuna triple vírica causase el autismo o trastornos relacionados. La declaración de la política de la AAP aparece en la edición de mayo de la revista Pediatrics (Halsey y colegas 2001).
En 1999, Taylor y sus colegas publicaron un estudio (Taylor y colegas 1999) que refutaba el supuesto vínculo entre el autismo y la vacuna triple vírica sugerido en el estudio de Wakefield. El estudio de Taylor examinaba todas las causas conocidas de los trastornos del espectro autista en niños que vivían en ciertos distritos de Londres y que habían nacido en o después de 1979. Los investigadores compaginaron a los pacientes con trastornos del espectro autista con un registro independiente de vacunas. Los resultados de este estudio demostraron que:
- El número de casos de trastornos del espectro autista ha aumentado continuamente desde 1979, pero no ha habido un aumento sostenido en el número de casos después que los doctores empezaron a utilizar la vacuna triple vírica en 1988.
- Los niños mostraron síntomas de trastornos del espectro autista y fueron diagnosticados con trastornos del espectro autista a la misma edad, no habiendo diferencia si fueron vacunados antes o después de los 18 meses de edad. Este hallazgo es importante porque si la vacuna triple vírica causase los trastornos del espectro autista, aquellos niños que fueron vacunados a una edad más temprana manifestarían los síntomas antes.
- A la edad de dos años, la cobertura de la inoculación (el numero de niños vacunados) entre los niños con trastornos del espectro autista era casi la misma que la cobertura de inoculación para niños de la misma edad que no tenían trastornos del espectro autista en toda la región. Si la vacuna triple vírica y los trastornos del espectro autista tuviesen un vínculo, entonces un número mayor de niños vacunados en la región tendría trastornos del espectro autista.
- No había más probabilidad que surgieran las primeras señales de comportamiento autístico o el primer diagnóstico de trastorno del espectro autista después de la vacuna triple vírica que en otros períodos de tiempo.
También en 1999, el “Committee on Safety of Medicine” (Comité sobre la Seguridad de la Medicina) del Reino Unido examinó cientos de informes recolectados por abogados de pacientes con autismo y trastornos similares en que las familias informaron que los pacientes los desarrollaron después de recibir la vacuna triple vírica o la vacuna combinada para el sarampión y la rubéola. Después de una revisión sistemática estandarizada de la información sobre los casos, el Comité encontró que los datos no apoyaban la existencia de ningún vínculo entre las vacunas y el autismo. Basándose en la evidencia, el Comité concluyó que no había causa para preocuparse de la seguridad de la vacuna triple vírica o de la doble combinada de sarampión y rubéola (Medicines Commission Agency 1999 [Agencia de la Comisión de Medicamentos 1999]).
Un estudio realizado en Suecia en 1998 también demostró que no había evidencia de una conexión entre la vacuna triple vírica y el autismo. El estudio comparó el número de casos de autismo en niños de dos ciudades suecas antes de 1982, año en que los médicos locales comenzaron a usar la vacuna triple vírica, y después de 1982. Los resultados demostraron que no había diferencia en la tasa del autismo entre los dos grupos de niños de ambas ciudades. (Gillberg & Heijbel 1998).
Otro estudio realizado en Inglaterra en 1997 examinó cualquier vínculo posible entre la vacuna del sarampión (un componente de la vacuna triple vírica) y los diferentes problemas que resultan del daño al sistema nervioso, como problemas de aprendizaje o de conducta. Estos investigadores no encontraron prueba de que la vacuna del sarampión estuviese de alguna manera ligada a un daño a largo plazo del sistema nervioso (Miller y colegas 1997).
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